Directorio para la catequesis, 22

La Revelación está destinada a toda la humanidad: «[Dios] quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Por esta voluntad salvífica universal, dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones (DV, n. 7).
Por esto, Jesucristo instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles. Ella realiza en la historia la misma misión que Jesús había recibido del Padre. La Iglesia es inseparable de la misión del Hijo (cf. AG, n. 3) y de la misión del Espíritu Santo (cf. AG, n. 4) porque constituyen una sola economía de la salvación.

 

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