Comentario a la película “The box” (2009)

“¿Dónde estarías ahora, si todo aquello por lo que has orado, se te hubiera dado?”

Hace aproximadamente diez años, vi junto con unos amigos una película que me marcó, tanto ha sido así que, en cuanto se me ha dado la oportunidad de evangelizar utilizando el recurso de una película, lo he tenido claro.

En esta película, que os invito a estudiar, clasificada dentro del género de cine negro y ciencia ficción, se presenta ante un matrimonio con un niño y graves problemas económicos, un “regalo”: la caja con un botón. La caja se presenta de la mano de un personaje que invita al matrimonio a pulsar el botón, advirtiéndoles previamente de dos cosas que ocurrirán si deciden hacerlo: la primera de ellas es que alguien a quien no conocen, en cualquier lugar del mundo, morirá, y la segunda es que, recibirán al instante una gran cantidad de dinero. Tras exponerles esto, el hombre les dice que tienen 24 horas para pensar si quieren o no pulsar el botón, y se va, dejándoles la caja.

Sin incidir más en la película, ya que creo que trae consigo tantos aprendizajes que no voy a poder tratar y que merece ser visualizada para que cada uno extraiga y aprenda de ella, paso a exponer aquello por lo cual me marcó desde el primer instante.

Para mí, ésta es una película donde el bien y el mal se vuelven a poner sobre una balanza.

La difícil situación económica a la cual se enfrenta el matrimonio, es una situación de cercanía a la sociedad, debido a que cualquiera de nosotros nos podemos ver envueltos en ella, más aún con la crisis en la que nos encontramos. Por otro lado, aparece el acceso al dinero rápido como solución a dichos problemas, y en medio del problema y de su resolución aparece el punto clave: “alguien a quien no conoces, en cualquier lugar del mundo, morirá”.

Lo que viene a enseñarnos la película con este botón es: ¿Hacer lo que se debe o lo que se quiere? ¿Llegar a la meta a toda costa me cueste quien me cueste, o llegar tarde y bien acompañado? (Esta última pregunta la utilizo muy frecuentemente en mis catequesis con niños de comunión para enseñarles que lo importante no es llegar el primero, sino llegar bien acompañado, habiendo ayudado al de al lado).

¿No será, quizás, que tenemos los ojos y el corazón vendados? “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? (Job 2, 10). Porque como bien empecé escribiendo: “¿Dónde estarías ahora, si todo aquello por lo que has orado, se te hubiera dado?”.

Vivimos en la sociedad del “ya”, queremos solucionar los problemas sin trabajar en ellos, pensamos que la vía rápida, la vía que nos permite hacer más cosas en menos tiempo, es la correcta, y aquí me gustaría incluir las palabras que tomó San Juan Pablo II de San Pablo para comenzar la encíclica Salvifici Doloris: “Así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24).  Y es que, en nuestro sufrimiento, Cristo no tiene los ojos vendados, en nuestro sufrimiento, Cristo está ahí, Él es quien nos mantiene, Él es quien nos invita a posicionarnos de su lado, quien nos invita a no pulsar el botón y a trabajar en las situaciones que nos vengan, siempre apoyados en Él. Del Salmo 23, destaco estas palabras: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo…” (Sal 23, 4)

Para finalizar, me gustaría añadir las palabras utilizadas por San Juan Pablo II en la encíclica previamente mencionada: “La alegría deriva del descubrimiento del sentido del sufrimiento”[1].

[1] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Salvifici Doloris, en AAS 71 (1979) 284.


 

Sonia Gallego Sánchez.
Parroquia Ntra. Sra. de los Ángeles de El Esparragal.
Catequista de Comunión.

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