BENDITA TÚ ERES

Dios está en todo. Quizás ya lo sabes o quizás vayas descubriéndolo poco a poco. Él nos habla a diario a través de pequeñas cosas y esconde en lo más cotidiano un mensaje importante para cada uno de nosotros. Único e intransferible. Como su llamada.

Hace unos días terminé un libro que habla sobre la Virgen María. Me ha gustado mucho porque he conocido aspectos que desconocía y porque me pareció un recurso vital y catequético. Ella siempre ha estado ahí, a un lado, en silencio, acompañando mi vida mientras voy conociendo, experimentando y creciendo en esta búsqueda inquietante de la Verdad, el Camino y la Vida. He oído hablar mucho de la importancia que tiene para los cristianos y del amor tan grande que Jesús le tiene y nos tiene a nosotros; de cómo, siendo ella lo único que tenía al morir en la cruz, también nos la dio y nos puso en su corazón de Madre para siempre; y cuánto más la conozco más quiero saber.

Este libro, titulado “Bendita tú eres”, ha sido un regalo, un impulso a hacer de María lo primero para llegar a lo más importante. Es un libro compuesto por varios capítulos muy breves divididos en cinco partes: presentación, lectura bíblica, reflexión, consideraciones breves y oración.  Su autor, Benigno Colinas Fernández, nos acerca a la parte más humana de María y a la más divina, en una sucesión de textos que mezclan la tierra y el cielo, nuestras palabras con la Palabra, a nosotros con Dios, a través de María.  

Este libro es un ejemplo de cómo se puede evangelizar a través de la lectura, de cómo el evangelio está en lo cotidiano haciendo lo ordinario extraordinario. Nos muestra que nuestra vida está llena de oportunidades de las que aprender y con las que poder enseñar, que nada de lo que vivimos es ajeno Al Que nos hace vivir.

Algunos de los capítulos con los que he alucinado son “María, viajera en globo”, “María, la mujer de tres manos” o el que más me hizo comprender cómo y quién es la Virgen María: “María, luz antiniebla”. Entendí que María, además de nuestra madre, nuestra amiga, nuestra compañera de camino, es todo lo que sea que necesitamos en cada momento. Y más.

A continuación comparto el capítulo “María, luz antiniebla”, para que puedas conocerlo un poco más y, quién sabe, quizás también te animes a rezarle más, hablarle más y dirigirte más a ella para no equivocarte con las señales que eliges.

“MARÍA, LUZ ANTINIEBLA”[1]

Presentación

Cuando entramos en una habitación enteramente oscura y nos damos un golpe contra la mesa, nos hacemos conscientes de la necesidad de la luz.

Hemos gozado siempre de su claridad y por eso no valoramos sus ventajas. Cuando nos toca vivir, aunque sólo sea temporalmente, en un país sin corriente eléctrica, lamentamos su carencia y procuramos obtenerla por otros medios.

Un ciego de nacimiento, que recobrase de pronto la vista, podría describirnos la seguridad, alegría y confianza que proporciona la luz.

La luz material es símbolo de otra luz más íntima, más profunda y personal y hasta más necesaria. Es la luz de la verdad que detecta los obstáculos y señala el camino del amor, que conduce a la felicidad verdadera.

María está en conexión directa con esta luz que proyecta su Hijo Jesucristo.

Lectura bíblica

Lectura del profeta Isaías (9, 1-2): “El pueblo que andaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en la tierra de sombras brilló una luz. Acrecentaste el gozo, hiciste grande la alegría. Se han alegrado al verte, como se alegran en la siega, como se gozan repartiendo el botín”.

Lectura del evangelio de San Juan (8, 12): “Jesús les habló otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”.

Reflexión

La oscuridad se había apoderado de las mentes y de los corazones del pueblo. Las ideas se habían apagado y los sentimientos se habían extinguido. Sin alegría y sin esperanza no sabían dónde dirigirse. De pronto brillo una gran luz (Is 9,12) que disipó las tinieblas y trajo la risa y la seguridad.

Esta gran luz es Jesús. Él mismo lo expresa con estas palabras: “Yo soy la luz del mundo”; el que le siga tendrá el camino bien diseñado. En su interior descubrirá la verdad y de sus entrañas brotará la alegría.

A Jesús lo trajo la Virgen María, esposa de José. En Belén “dio a luz” (Lc 2, 7) a la luz. Alumbró en medio de la noche (Lc 2, 8) a los pastores que dormían al raso. Con esta luz lo oscuro de cada uno será como mediodía (Is 58, 10).

Aún a mediodía nos puede suceder como al conductor del coche. Aparece la niebla que, cada vez, se hace más espesa. La luz ordinaria no es suficiente para señalar la carretera. Es necesaria la luz antiniebla que, al menos, nos descubra el que viene de frente.

Jesús es la luz, el camino; pero, a veces, las tinieblas se apoderan de nosotros. No vemos su luz, nos domina la tristeza y la angustia. La preocupación nos impide ver el camino. María es la luz antiniebla. Enciéndela. Ella evitará la desesperación y te ayudará a descubrir el itinerario.

Consideraciones breves

  • Dios dijo: “Hágase la luz” y hubo luz (Gn 1,3). Vio Dios que luz estaba bien, y separó Dios la luz de las tinieblas.
  • Jesús nos dijo: “Vosotros sois la luz del mundo… Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
  • María, tú, nuestra madre, sabes que debemos brillara para separar la luz de las tinieblas, echa aceite en nuestras lámparas para que no se apaguen, aún cuando nos durmamos (Mt 25, 1-13).
  • Dios se sirvió de la Virgen María para que su Palabra apareciese entre los hombres. Esta Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9).
  • Si Dios necesitó de María para traer la luz al mundo, mucho más la necesitamos nosotros para vivir como hijos de la luz (Ef 5,8).
  • Saulo, camino de Damasco (Hch 9,3), de repente fue rodeado por una luz venida del cielo. Quedó ciego. Todas sus anteriores ideas se fueron de su mente. Fue dado a luz en un nuevo nacimiento.
  • También María nos dio a luz con un nuevo nacimiento en el Calvario (Jn 19,26). Somos hijos de María y, como a niños pequeños, nos cobija bajo su manto para que no nos metamos en las tinieblas.

Oración
María, tú eres la luz,
al mismo Dios alumbraste,
iluminaste la tierra
con claridad deslumbrante.

Pero seguimos a oscuras
tropezando con la gente,
porque no vamos a Cristo
que nos provea de aceite.

Si tú nos llenas la alcuza
aunque la noche esté oscura,
iremos por el camino
que hasta Jesús nos conduzca.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo,
que juntaron en María
lo divino con lo humano.

[1] B. Colinas, Bendita tú eres, Madrid, Paulinas 2001, 51-54.


Paloma López Martínez
Parroquia Ntra. Sra. de los Llano de El Algar
Catequista de Postcomunión

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