PREFIERO EL PARAÍSO – “La alegría del Evangelio a través de la música”

La Via Pulchritudinis (documento resultado de los trabajos de la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura, celebrada en marzo de 2006) nos propone varias pistas sobre las que puede rodar una catequización de la sociedad. Destacamos la descrita como belleza de las artes en donde podemos sacar a relucir la música, como arte misma que es.

La música, como expresión artística que es, tiene el don de salir del Evangelio, salir de las iglesias para ser llevada también a lugares públicos y que sea contemplada por la multitud. Por lo tanto, puede ser utilizada con fines evangelizadores, ya que goza de la capacidad de atraer, der ser herramienta para canalizar a nuestra sociedad hacia una eficaz declaración del Evangelio, hacía un buen anuncio del Kerigma.

            Uno de los grandes temas que abordó el Concilio Vaticano II fue el de la Evangelización de los pueblos (Lumen gentium). La preocupación por salir al encuentro del hombre de nuestro tiempo hizo que los padres conciliares se sintieran especialmente llamados a renovar su compromiso evangelizador: “Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia” (LG 1).

Esta llamada a anunciar el Evangelio es el leit motiv de la Iglesia desde su nacimiento: proclamar a todos los hombres que Cristo es la luz del mundo. Y por supuesto, con las palabras del beato Santiago Alberione: «Anunciar el evangelio a los hombres de hoy con los medios de hoy».

 Hay quien ama la riqueza, y vestirse como un rey,
hay quien no quiere hacer nada, no le gusta ni sudar.
Quien ofende cuando habla, y no dice verdad,
y después critica todo, para él nada está bien.
Pero a mí, no Señor, eso no lo quiero yo.
Paraíso, Paraíso, yo prefiero el Paraíso,
Paraíso, Paraíso, Paraíso.

Hay quien cree ser muy grande, y que al cielo ha de subir,
es fanático y soberbio, y se cree quien sabe qué.
Hay quien sueña ser famoso para al cielo así subir,
hay quien quiere tener éxito y honor en cantidad.
Pero a mí, no Señor, eso no lo quiero yo.
Paraíso, Paraíso, yo prefiero el Paraíso,
Paraíso, Paraíso, Paraíso.
Paraíso, Paraíso, Paraíso.

Uno de los medios más eficaces que hemos tenido a lo largo de la historia ha sido la música. Por eso, hablando de música y de evangelización, quisiera proponer hoy aquí la figura de un Santo, San Felipe Neri, patrón de educadores y humoristas, sobre el que la cadena RAI, Radio Televisión Italiana, hacía una película: Prefiero el Paraíso.

La película tiene una finalidad didáctica a través de la música, pero eso no es impedimento para que podamos disfrutarla con la sensación de estar viendo una película técnicamente bien hecha, sin demasiadas sensiblerías, que cumple su función de ser un instrumento de comunicación social al servicio de un texto, pero también de catequización a través de la imagen y el tema musical repetido a lo largo de la película.

El motivo principal de la canción, de igual nombre al título de la película, Prefiero el Paraíso, nos presenta, a través del film, unos niños pordioseros pero encantadores, un sacerdote que rebosa mansedumbre y buen humor, un pueblo llano ignorante pero humilde. Y por otro, una nobleza desocupada y corrupta, un cardenal engreído y soberbio, una curia distante y protocolaria. Todo en un ambiente reformista en donde la herejía es perseguida por la Inquisición.

En este contexto aparece un sacerdote bonachón, Filippo, entregado a formar a los más jóvenes con ternura e ironía acercándoles a la Liturgia y logrando que se diviertan cantando y jugando en un lugar que más adelante se convertiría en el Oratorio, proclamado Congregación por el Papa Gregorio XIII en 1575.

Es a través de la música, el camino que el Señor escoge para San Felipe Neri; para que pueda evangelizar tanto a niños como a adultos a través de la alegría de la música, del Evangelio hecho música. “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, alegraos. […] El Señor está cerca” (Flp 4, 4.5b).

La canción que aquí nos ocupa es un auténtico canto a la esperanza y la felicidad, pero sobre todo a la humildad y al Amor de/a Dios. “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni se entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos” (Sal 1,1).

Por el recorrer de su canto, vemos una clara renuncia al pecado: “Pero a mí, no Señor, eso no lo quiero yo”. Lo precede siempre una enseñanza que nos ayuda a acercarnos a los valores de la humildad y al mandamiento principal, amarás al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo: “Hay quien ama la riqueza, y vestirse como un rey […] quien ofende cuando habla, y no dice la verdad, y después critica todo, para él nada está bien”.

Pero siempre, siempre, vuelve al tema principal: “Pero a mí, no Señor, eso no lo quiero yo”. San Felipe Neri le dice a sus niños y a todo el pueblo de Roma que: «Prefiero el Paraíso». Éste, sin duda, el lema que transmitió y el leit motiv de su acción pastoral.

En estos tiempos de tribulación, la música, y en nuestro caso, esta bella composición de Marco Frisina, sacerdote, músico y compositor, así como actual maestro de capilla de la Catedral de San Juan de Letrán de Roma y Rector de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, nos ayuda a elevar el alma hacia Dios, a sentirnos más cerca de Él a través de una bella vía como es la música. Y es que también se vale Dios de la música, para que, a través del Espíritu Santo, se generen frutos en nuestra alma.

Esta canción nos lleva a centrarnos en lo que de verdad importa, en la acción salvífica de Jesús, y a trabajar un carisma como el servicio a los demás y la alegría del Corazón; “porque un cristiano triste es un triste cristiano”, nos dice el Papa Francisco.

Tanto la película, como la banda sonora de la misma, me descubrió un nuevo carisma, una nueva vía de servicio a los demás y una nueva relación con Dios a través de la alegría. Intentar también reflejar la alegría que nos da Dios en los demás.

Es posible que lo que no se ha entendido es que utilizar multitud de estilos musicales, permitiría conectar con muchas personas y en especial aquellas que están más alejadas de la religiosidad. Puede permitir la penetración del Evangelio, con el fin de “ganar a Cristo al mayor número posible de personas”, tal como escribiera el apóstol Pablo en (1Cor 9, 19-23).

Les invito a ver y escuchar esta película de la RAI para que también ustedes, con la gracia de Dios, puedan descubrir un camino nuevo de evangelización y servicio al prójimo, como es la alegría del alma y el amor desinteresado a los demás.

“Sed buenos… ¡si podéis!”


Daniel Fuentes Campillo
Parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Santomera
Catequista de Confirmación y Líder en Alpha

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