Cristo de Dalí y Cristo de San Juan de la Cruz

Preside la cabecera de mi cama, desde hace muchos años, una copia del cuadro “El Cristo de Dalí”. Más allá de la luz y la serena belleza que transmite, este cuadro me (nos) narra todo un camino de búsqueda.

Para comenzar, su título no es el que he indicado al comienzo, sino “Cristo de San Juan de la Cruz”. Dalí, ya cercano a la fe católica, se inspiró en un dibujo del místico español del siglo XVI para realizar su cuadro. Llama la atención la perspectiva de la mirada del observador; no es la habitual, la de siempre, es la suya propia, desde su experiencia de encuentro con Jesús. Lo que me lleva a preguntarme: En mi vida de fe ¿me inspiro en testigos que han sabido seguir a Cristo desde una respuesta personal y valiente? ¿Soy, yo, con mi forma de estar y hacer, testigo de la presencia de Dios en mi vida, de forma que invite a otras personas a conocerle?

Dalí se inspira en San Juan de la Cruz, pero sigue su propia visión. Se atreve a mirar a Jesús de frente. Descubre en Él aquello que Cristo le muestra, su relación de amigos se basará en esa mirada. De toda la riqueza que contiene tu persona, Jesús, ¿cuál es la que me pides que mire, Señor? ¿Cuál es la que debo imitar para seguirte?

Yo, observadora externa, veo a Cristo crucificado, inclinado sobre el Mundo, mirando hacia cada hombre, ofreciendo su amor hasta el final. Y no quiero quedarme fuera, quiero postrarme al pie de tu cruz y adorarte en el inmenso Misterio de tu amor.

Ya dentro del cuadro, la oscuridad del fondo contrasta con la luminosidad del cuerpo de Cristo y su Cruz. Una cruz sin manchas, un cuerpo fuerte, sin contorsionarse, un pelo limpio y peinado. No hay sangre, no hay clavos, no hay corona de espinas… pero sí una sombra que nos recuerda una realidad que fue, que sigue siendo. Ante la presencia del dolor en el mundo, en cada ser humano, en cada situación, mi respuesta puede ser de indiferencia, de negación, de angustia… Pero ser seguidora de Cristo me invita a reconocer ese dolor, no desde la desesperanza sino desde la fe en Cristo resucitado, que me empuja a hacer de mi vida un servicio de entrega para el bien de los que están a mi alrededor. ¿Qué quieres que haga hoy, Señor?

Otro detalle llamativo: el trozo de papel colocado donde los evangelistas indican que se pusieron las palabras INRI (Jesús de Nazaret, rey de los judíos) está doblado, no se puede leer lo escrito en él. Parece indicarnos que nos acerquemos, lo desdoblemos y descubramos el secreto, ese Misterio escondido, sólo accesible a quien tiene valor de acercarse a la realidad del dolor y del amor para conocer la Verdad. Gracias, Señor, porque me has dado el regalo de saber de Ti, de dejarme acercar a Ti para conocerte y experimentar tu amor. Gracias, Señor, por…

La parte inferior del cuadro parece querer ser absorbida por la oscuridad, pero la fuerza de la cruz del Resucitado por encima de las nubes ilumina éstas y la Tierra, junto a sus habitantes y la tarea que realizan. Esa actividad no es una espera estática, sino una preparación confiada del trabajo encomendado. La fe en Cristo Resucitado, testimonio de Dios Amor, ilumina las dificultades de mi vida y me anima a realizar la tarea de la construcción de su Reino, desde mi trabajo sencillo, muchas veces escondido, otras veces arriesgado, pero siempre queriendo responder a la llamada de “hacer el bien en la Tierra”, igual que hizo Jesús, quien pasó por el mundo haciendo el bien… porque Dios estaba con Él (Hch 10, 38). ¿Escuchas, también tú, esa llamada?


 

María Jesús González Alonso

Hermana del Amor de Dios

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