San José, en su taller con la Sagrada Familia (Muñoz Barberán)

 

Os presento una obra que se encuentra en la Parroquia en la que soy párroco desde hace seis años y creo que nos puede ser muy ilustrativa en este año dedicado a San José, en el que se conmemora el 150 aniversario de su declaración como Patrono Universal de la Iglesia.

Es una obra de gran formato y se trata una de las últimas obras del pintor lorquino Manuel Muñoz Barberán; pues falleció en el año 2007, dos años después de haberla entregado.

La escena se despliega en Nazaret, en la misma vivienda familiar (Lc 2, 39); en el punto más alto de la composición aparece la Estrella de David, pues este rey es antepasado de José (Mt 1, 16.20), y su situación nos puede recordar a una especie de árbol genealógico, pues de la familia de David, según la profecía de Natán, tenía que surgir el Mesías (2Sam 7).

En aquel tiempo era algo común que se compartiera el mismo espacio de trabajo con el hogar. El autor se inspiró en su propio taller de trabajo, con sus mismas proporciones, como en la ventana y la vegetación que se ve tras ella, la misma de su jardín, pues era consciente de que esta obra iba a ser colocada en la parroquia a la que pertenecía su residencia habitual.

En el centro de la composición destaca la figura de San José, trabajando la madera en un banco de carpintero: aparecen distintas herramientas y la viruta en el suelo (Mt 13, 55). Muy cercana se muestra a la Virgen María, también trabajando, en este caso en la costura, con unas tijeras en sus manos, un fiel reflejo de la descripción del libro de Proverbios de mujer hacendosa (Prov 31, 10-31). El Papa Francisco en su Carta Apostólica ‘Patris Corde’ nos recuerda: “San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”[1].

El autor se acoge a la licencia de situar en la misma escena a Zacarías e Isabel y a su hijo Juan el Bautista, de niño. Tenemos que recordar que esta familia no residía en Nazaret sino en Ain Karem, una pequeña localidad cercana a Jerusalén, donde Zacarías ejercía como uno de los sacerdotes del Templo (Lc 1, 26-38). De ahí que se le represente con la vestidura de un judío piadoso y sostenga sobre sus manos un libro; por su parte Isabel, su mujer, también tiene entre sus manos un pergamino. Ambos esposos, a través de este pequeño gesto nos recuerdan al Antiguo Testamento, que pertenecen al pueblo de Israel y son fieles a las promesas del único Dios.

Por lo tanto, se van a representar dos parejas de santos esposos: por un lado, a José y María, y por otro a Zacarías e Isabel. Con estas dos imágenes se nos está invitando a profundizar en nuestra doble vertiente de vida cristiana: tanto desde la acción como desde la contemplación.

En cuanto a Juan, hijo de Zacarías e Isabel, aunque niño, va vestido ya con su característica piel de camello. Está a los pies del Niño Jesús y lo contempla con expectación: Juan, a diferencia de sus padres, que lo contemplan en la Antiguas Escrituras, ya es un hombre del Nuevo Testamento y tiene la dicha de contemplar directamente al Mesías.

Por último, el Niño Jesús calza unas sandalias en recuerdo de la expresión de Juan “No merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias” (Mc 1, 7) y está sentado: así nos recuerda que es el Maestro que enseña; además entre sus manos se puede apreciar cómo salen unos pequeños pajarillos, pues según los evangelios apócrifos el Niño Jesús creaba pequeños pájaros de barro y a su soplo cobraban vida. A nosotros, como cristianos nos invita a que descubramos cómo es el Maestro que da la vida y, más aún, cuando lo contemplamos desde la pequeñez de su propia infancia.

Por mi parte en este año de Gracia de 2021, pido a Dios en mis oraciones por el don de la familia y en especial por el don de la paternidad, siendo consciente de su importante misión y, siguiendo las palabras del Santo Padre, concluyo: “En la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre. También la Iglesia de hoy en día necesita padres”[2].

[1] Patris Corde, 6.

[2] Patris Corde, 7.


 

Francisco José Azorín Martínez
Párroco de San José, Sangonera la Seca (Murcia)

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